15.5.08

LA BATALLA DE ALMANSA

La batalla de Almansa tuvo lugar el 25 de abril de 1707 en las proximidades del puerto del mismo nombre en Albacete. La batalla se llevó a cabo entre los partidarios de Felipe V de Borbón y los seguidores del Archiduque Carlos de Austria. Los primeros o tropas borbónicas estaban comandadas por el duque de Berwick y los segundos o austracistas eran dirigidos por los generales Galway y Das Minas. Esta batalla se inserta en el marco de la Guerra de Sucesión al trono de España que se produjo tras la vacante producida por la muerte de Carlos II el Hechizado.

Era hijo de Felipe IV y su segunda mujer Mariana de Austria. Según cuentan sus biógrafos nació raquítico y se crió enfermizo. Algunos hasta señalan que su periodo de lactancia duró casi cuatro años. Lo cierto es que su educación corrió paralela a esa debilidad física y mental que lo atenazaba. A los nueve años no sabía ni leer ni escribir. Era de carácter débil y poco emprendedor. Murió antes de cumplir los cuarenta años sin haber dejado descendencia directa al trono de España. Este hecho desató las ambiciones de las naciones europeas por hacerse con la herencia hispánica.

La falta de un heredero directo al trono de España levantó las ambiciones de los monarcas europeos. El testamento regio otorgaba el trono a Felipe de Anjou, nieto del poderoso monarca francés Luis XIV. En el exterior, países como Holanda, Inglaterra y Portugal vieron con malos ojos este aumento de poder indirecto del monarca francés y desataron los truenos de la guerra contra Luis XIV y su nieto Felipe de Anjou. En el interior, muy pronto la correlación de fuerzas cambió bruscamente y se crearon dos bandos claramente definidos y enfrentados. Unos apoyaron al Archiduque Carlos, alegando derechos dinásticos y, otros al monarca borbón Felipe V.

Era el segundo hijo del emperador Leopoldo I. Estaba destinado a suceder a su tío Carlos II en la corona de España. A la muerte de éste en 1700 y a pesar del testamento en favor de Felipe de Anjou partió hacia España con la intención de defender sus legítimos derechos sucesorios y ocupar el cargo para el que había sido educado.

En 1707 contrajo matrimónio con Isabel Cristina de Brunswick que pasó a vivir con él en su corte establecida en Barcelona. Fue proclamado emperador en 1711 y a pesar de no conseguir la corona española conservó este título hasta después del tratado de Rastadt en 1714. Se rodeó siempre de españoles entre sus consejeros más cercanos y manifestó en todo momento una pasión desmedida y una gran nostalgia por España. Austria gozó de un gran prestigio internacional durante su mandato y supo aglutinar a sectores y zonas dispares bajo el signo de la religión católica y de la dinastía austriaca. Fundó dos compañías comerciales privilegiadas como la Compañía de Oriente en Fiume y Trieste y la Compañía de Ostende en los Países Bajos. Destacó como hombre culto que sentía una gran debilidad por la música.

Era el duque de Anjou, hijo de Luis, delfín de Francia y nieto del rey francés Luis XIV y de su esposa María Teresa, hija de Felipe IV de España. Carlos II le entregó la corona de España tras su muerte cuando tan sólo contaba con diecisiete años de edad. Esta decisión desató un grave conflicto tanto a nivel nacional como internacional puesto que dejaba de lado al también candidato a la sucesión Carlos de Austria, descendiente del monarca español Felipe III.

Fue proclamado rey de España en el año 1700 y su abuelo Luis XIV declaró sus derechos dinásticos supervisando la política de Felipe V, en España. Este hecho se convirtió en un motivo de preocupación para las potencias marítimas que temían una alianza entre Francia y España. Razón por la cual terminaron agrupándose en torno a la Alianza de la Haya.

Fallecida su primera esposa María Luisa de Saboya en 1714 se casó con una princesa italiana llamada Isabel de Farnesio, hija del duque de Parma, la cual resultó ser enérgica y ambiciosa puesto que estaba más preocupada en colocar a sus hijos en una posición política preeminente que en colaborar con su propio marido. En 1724 Felipe V abdicó en favor de su hijo Luis I; muerto éste poco después, Isabel hizo que regresara Felipe V del palacio de la Granja para restablecer el poder en su persona. Falleció en el año 1746, sucediéndole el heredero Fernando VI.

A pesar de que en un principio Barcelona acató al nuevo monarca Felipe V, lo cierto es que poco después se decantaría por el Archiduque Carlos al que nombró emperador en 1711. En Aragón y Valencia la situación era bien diferente y comenzaba a plantearse una cuestión de centralismo castellano frente al federalismo aragonés decantándose por el apoyo al Archiduque. Este apoyo fue decisivo para la pérdida de sus derechos forales tras la aplicación de los decretos de Nueva Planta.

Dada la proximidad de las tropas borbónicas que habían conseguido controlar varios territorios como Caudete, Villena, Elda, Novelda, Elche, etc y ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos a principios de 1707, el Archiduque Carlos decidió abandonar la ciudad de Valencia donde se encontraba para marchar hacia Barcelona con la intención de instalar su corte en estos territorios.

Los generales austracistas Galway y Das Minas se anticiparon al ejército borbónico y elaboraron un plan para asestar un duro golpe a las tropas de Berwick. Éste se encontraba en las proximidades de Almansa esperando los refuerzos que tenían que llegar por el norte a cargo del duque de Orleans. El factor sorpresa fue insuficiente para contrarrestar la superioridad de la caballería borbónica que acabó con el inexperto, variopinto y desorganizado ejército austracista. Su derrota despejó y allanó el camino de las tropas borbónicas hacia Valencia que cayó un mes más tarde, junto a numerosas ciudades y villas de toda la región.

Berwick contó con la caballería española y la francesa, además de una unidad irlandesa.

Berwick formó su ejército en dos líneas justo enfrente de Almansa, con la caballería española en el ala derecha y la caballería francesa en el ala izquierda. La infantería en el centro.

El orden de la disposición de Galway fue ligeramente diferente. Dispuso sus fuerzas en dos líneas pero mezcló la caballería y la infantería en ambas alas. Componía este ejército un total aproximado de 15 a 16000 hombres de muy diversa procedencia, holandeses, hugonotes, británicos y portugueses. Das Minas había solicitado que la caballería portuguesa se colocase en el ala derecha.

Las unidades británicas presentes eran los Bays, dragones 3,4 y 8, así como los dragones de Peterborough y Pearce, también un batallón mixto de granaderos y de la guardia Coldstream, los batallones de línea 2,6,9,11,17,28,33,35 y 36, así como la Infantería de Mountjoy, Breton, Bowle y Mark Kerr.

…"Los cañones de nuestra derecha comenzaron a disparar a las tres, pero apenas habían lanzado 20 andanadas cuando el enemigo, habiendo pasado un gran camino en hondo, que estaba enfrente de su izquierda, se apoderó de la altura donde estaba emplazada esta batería, ante lo cual ordené a nuestro ejército que avanzase para atacar. La batalla comenzó por la derecha; nuestra caballería cargó sobre la izquierda del enemigo con tanta bravura que consiguió abrir brecha en ella, pero la infantería enemiga hizo fuego tan intenso sobre los nuestros, que se vieron obligados a ceder; nuestra caballería, sin embargo, se rehizo de nuevo y volvió a cargar sobre el enemigo, que se había rehecho al amparo de su infantería ; con este ataque el enemigo fue nuevamente quebrantado, pero el fuego de los batallones obligó una vez más a nuestra caballería a retirarse. Viendo que sería difícil para nuestra ala derecha tener éxito sin infantería, hice que la brigada de Maine, mandada por M. de Bulkeley, avanzase desde la segunda línea; esta brigada atacó a la infantería enemiga y la derrotó por completo; nuestra caballería cargó al propio tiempo y entonces el ala izquierda fue completamente derrotada.

Nuestra izquierda, mandada por M. d’Avary, había efectuado varias cargas, pero aunque ganó algún terreno y hasta fue ayudada por la brigada de La Sarre, no había sido capaz de penetrar en la línea enemiga. Nuestra derecha, después de haber empujado todo lo que había ante ella, avanzó en orden de batalla sobre el flanco izquierdo de la derecha del enemigo, intentando éste retirarse, pero fue empujado tan de cerca, que pronto se dispersó, y huyendo a plena velocidad, su infantería fue destrozada.

La batalla no se desarrolló con tanta fortuna en el centro, pues el enemigo había derrotado el cuerpo principal de nuestra infantería, y dos de sus batallones, que habían llegado a abrirse camino a través de nuestras dos líneas, avanzaron hasta las murallas de Almansa. Don José Amézaga, Intendente de Caballería, avanzó con dos escuadrones de Órdenes Viejo, cargó y los derrotó.

El resto de la infantería enemiga, viendo que la nuestra atacaba, que había aún algunas brigadas que no habían cargado todavía, que su ala izquierda estaba batida y que su derecha huía en desorden, intentó retirarse, pero en su retirada varios batallones fueron atacados y destrozados. El general Conde de Dehna, con 13 batallones, se refugió en un monte cubierto de bosques, y a la mañana siguiente, viéndose rodeado, sin esperanzas de poder escapar, se rindió prisionero de guerra”… Memoirs, vol I, págs 357-59

Ingleses, holandeses y hugonotes se mantuvieron firmes en el centro. La caballería portuguesa “huyó a toda velocidad”: Una de las causas, no única, pero si fundamental de la derrota de los partidarios del Archiduque, al dejar completamente expuesto su flanco a merced de Berwick. Galway y Das Minas consiguieron con su astucia salvar de la derrota algunos escuadrones de Caballería.

El general octogenario Das Minas tuvo la desgracia de presenciar la muerte de su mujer que le acompañaba vestida de hombre. Galway sufrió un golpe de sable que le produjo una grave herida encima de los ojos en el momento más crítico de la batalla y por ello tuvo que abandonar la lucha.

“El enemigo tuvo 5000 muertos y cerca de 10000 prisioneros ; perdió 120 pares de banderas y estandartes, toda su artillería y la mayoría de su bagaje... Nuestras pérdidas en total ascendieron a unos 2000 hombres”.

La artillería fue arrasada según reconoció Galway en una carta a Sir George Byng. El profesor Trevelyan sostiene que Berwick está equivocado en el cálculo de las bajas puesto que el total de soldados no excedía de 16000 personas cuando comenzó la batalla y la caballería portuguesa abandonó casi al principio las hostilidades.
En Almansa se levantó un monumento en memoria de la batalla y se creó todo un regimiento con el nombre de la misma ciudad para conmemorar el triunfo borbónico.


COMENTARIOS DEL DUQUE DE MARLBOROUGH, FIEL AL ARCHIDUQUE, A LA DESASTROSA DERROTA
“... Los enemigos eran mucho más fuertes que Lord Galway, produciendo por ello mucha extrañeza que se eligiese una llanura para atacarlos... este desgraciado suceso en España ha hecho retroceder todo, por lo que la mejor resolución que podemos tomar es hacer ver a los franceses que estamos resueltos a continuar la guerra para que podamos obtener una paz honrosa”.

“Inmediatamente después de la batalla de Almansa, el Rey me otorgó las poblaciones de Liria y Jérica con todas sus dependencias. Las erigió en ducados, con el título de Grandeza de primera clase para mi y mis descendientes. Estas tierras habían sido anteriormente bienes de los hijos segundos de los Reyes de Aragón. Habiendo quedado vacante el gobierno de la provincia de Lemosin, por muerte del Conde de Auvernia, el Rey me lo dio inmediatamente, sin plazo de tiempo para mí o mis amigos para solicitarlo”…

Tras la derrota de los partidarios del Archiduque en Almansa, se produjo toda una reorganización política y administrativa de los territorios controlados. Las regiones que habían combatido al lado del Archiduque pagaron muy pronto su apoyo al oponente de la Casa de Austria. El primer decreto de Nueva Planta vio la luz en junio de 1707, poco después de la derrota de Almansa y afectaba a los reinos de Aragón y Valencia. Esta primera medida sirvió de modelo a las restantes. Por ello la Nueva Planta no fue más que la consecuencia directa de la victoria del ejército borbónico y de la entronización de Felipe V como nuevo monarca español.

Las leyes de Castilla se habían impuesto sobre la legislación foral de la Corona de Aragón y del Reino de Valencia. Felipe V aducía una “falta al juramento de fidelidad”, alegaba su “justo derecho de conquista” y castigaba de esta forma “la rebelión” con la asunción de los poderes propios que le pertenecían: “la imposición y derogación de leyes”. Una nueva forma de gobernar hacia su presencia en la persona de Felipe V.

BALADA INGLESA DE LA BATALLA

Veinte millas marchamos en aquel día,
sin la menor gota de agua ;
hasta que, pobres de nosotros, estábamos casi agotados
antes de comenzar la sangrienta carnicería

El bravo Galway, nuestro General,
gritó : “Luchad mientras podáis ;
luchad, valerosos ingleses ;
sois uno contra cinco en este día.”

Los holandeses acometieron espada en mano,
tal como era su deseo;
treinta y cinco escuadrones portugueses
huyeron y nunca llegaron a disparar.

Del Duque de Berwick se me ha dicho
que cursó órdenes para que
si el ejército fuese destrozado,
dar cuartel a los ingleses

“Sed amables con mis paisanos,
pues tal es mi deseo ;
con los portugueses haced lo que os plazca,
pues pronto se retirarán”

Logan W. H. Pedlar’s Pack, págs 82,83

Grand Dieu sauve le Roi
Grand Dieu venge le Roi
Vive le Roi !
Que toujours glorieux
Louis victorieux
Venge ses ennemis
Toujours soumis


Dieu Le Roy.
de Brantigny

Uniform prints are from the New York Public digital library.
Paintings are courtesy of Wiki commons.
La documentación en Almanza es de la Universidad de Valencia, España (Documentation on Almaza is from the University of Valencia, Spain.)

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